Autor: Superválidos Global
Carretera y manta

Estaba nublado. Una vez más en este rodaje la naturaleza nos brindaba, con sus nubes y sus efímeras gotas de agua, un elemento tan preciado en lo nuestro: la continuidad. Y agradecidos estamos.
Como ya hemos dicho, estaba nublado. Y bajo esas nubes: una carretera. Y sobre esa carretera: una furgoneta. Y en esa furgoneta: nosotros, los de siempre, que nos dirigíamos a Alburquerque para encarar las últimas jornadas de rodaje, y un acompañante, Raúl Lagares, un amigo fotógrafo que nos regaló su arte (sabréis qué fotos tienen su sello posando vuestro ratón en las imágenes de este post) y su compañía. Y Jesús, como siempre, al mando.

Y Alberto, renovando su licencia para… grabar.

Pampa y Alburquerque. Tanto monta, monta tanto.

Una de las muchas cigüeñas que te reciben al llegar a Alburquerque
Pronto comprendimos, al entrar en contacto con el precioso pueblo de Alburquerque y con Pampa, uno de sus insignes ciudadanos y uno de nuestros superválidos, que forman parte el uno del otro de una forma intensa y maravillosa. En Alburquerque se siente constantemente la huella de Pampa y en Pampa se percibe que Alburquerque es como un órgano más de su ser. Y para nuestra suerte, tanto el uno como el otro nos abrieron sus puertas con enorme cariño.

Ciudadanos de Alburquerque participando en 'Superválidos'
Pampa, el atleta
En el tiempo que compartimos con Pampa, tuvimos la suerte de conocerle en varias facetas. Una fue la deportiva.
Estuvimos con él en el gimnasio, nuevo de trinca…


…y en el Campeonato Autonómico, en el que Pampa calentó…

…y corrió y corrió hasta acercarse a la meta…




…¡y ganar!

Pampa, el chaval de Alburquerque

Pero para nosotros lo más importante fue descubrir a Pampa, el chaval de Alburquerque que es feliz con su gente y hace feliz a su gente. Así de sencillo, genialmente sencillo. Durante los días que estuvimos a su lado, pudimos acercarnos a elementos muy importantes de su entorno, como Juan, su padre, o Agustín, su amigo y entrenador.
Juan Pámpano

Tras encontrarnos con Pampa y su padre, fuimos a tomar un café en la acogedora Cafetería Balanus. Dentro de una agradable charla, Juan nos desveló muchos detalles de su hijo. Uno de los mejores momentos fue cuando nos relató las aptitudes de Pampa como granjero, haciéndonos saber que esas actividades en el campo son una de las razones del enorme vínculo que existe entre ellos. Lógicamente, Pampa quiso demostrar que su padre no exageraba al alabar sus virtudes agrarias, por lo que se marcó ante las cámaras de Alberto y Raúl el ejercicio de varias tareas que aleccionaron a nuestras asfaltadas mentes de ciudad.


Vaya crack.
Agustín Rubio

Qué decir de Agustín… Para empezar, que es un gran anfitrión. Eso ya sería suficiente para recordarle con cariño, indudablemente. Pero es que además de buen anfitrión resultó ser un gran tipo y eso, para este pequeño equipo de rodaje, será inolvidable. Entre todo lo que hizo, y para resumir, cabe destacar que nos acompañó, nos trató bien, nos convirtió a Alburquerque en un enorme plató cinematográfico a nuestra entera disposición y que, incluso, nos regaló una degustación gastronómica de los excelentes productos de la región. Es para tenerlo en un altar, ¿no?
De su mano y de la de Pampa, por supuesto, conocimos muchas cosas. Una fue el Paseo de las Laderas, a los pies del Castillo…

…otra fue el descubrimiento de que Pampa es toda una institución, como comprobamos al hablar con el alcalde…

…al visitar su antiguo instituto, con la ayuda de su directora, Luciana Pintor, en el que hay una placa en honor a Pampa…


…y al ser atendidos por la televisión y la prensa de Alburquerque.

La despedida
Y llegó el momento de partir, de dejar atrás Alburquerque. Y como suele pasar en las grandes despedidas, nos fuimos con el corazón más cargado que cuando llegamos y dejando escapar un sincero “hasta pronto” de nuestros labios.
Eso sí, antes de irnos hubieron abrazos…

…nos despedimos de las cigüeñas..

…y nos hicimos una foto de todo el grupo.

¿De todo el grupo? Perdón, es un error, faltaba Raúl, que estaba al otro lado de la cámara. Para él hemos reservado, a modo de agradecimiento por haber compartido con nosotros una divertida parcela del rodaje de Superválidos, una instantánea de lujo al lado de nuestro querido Pampa.

Y, en fin, hasta aquí el rodaje en Alburquerque, que nos despidió, a lo lejos, envuelto en una esponjosa sábana de nubes.

Sin duda, un placer.